CUANDO EL ESTRÉS SE QUEDA A VIVIR EN TU CUERPO
¿Tu sistema nervioso sigue en alerta a pesar de que todo parece estar bien?
No siempre nos damos cuenta de cuánto estrés estamos acumulando.
Vamos sumando preocupaciones, responsabilidades, miedos, situaciones que no resolvemos, emociones que dejamos para después…
Y seguimos.
Seguimos trabajando, cuidando, atendiendo, resolviendo y exigiéndonos.
Pero nuestro cuerpo también lleva la cuenta.
Cuando vivimos bajo estrés prolongado, nuestro organismo puede permanecer demasiado tiempo en estado de alerta.
El sistema nervioso autónomo participa en esta respuesta de supervivencia:
Aumenta la activación fisiológica.
Se incrementa la tensión muscular.
Se altera el descanso.
Puede aparecer hipervigilancia.
Nos cuesta desconectar incluso cuando estamos tranquilos.
Es como si el cuerpo hubiera aprendido a vivir preparado para afrontar una amenaza.
A veces, esa activación puede provocar síntomas muy intensos:
Palpitaciones y opresión en el pecho.
Mareos y sensación de inestabilidad.
Hormigueos y temblores.
Sensación de debilidad.
Dificultad para respirar.
Sensación de pérdida de control.
Algunos síntomas de ansiedad pueden parecerse a los de determinadas urgencias neurológicas.
Porque no basta con que desaparezca el problema para que nuestro organismo deje de estar en alerta.
Cuando llevamos mucho tiempo funcionando desde la tensión, podemos perder la capacidad de reconocer el descanso como un estado seguro.
Incluso cuando tenemos tiempo para parar, la mente sigue anticipando, el cuerpo sigue tenso y cualquier pequeño estímulo puede volver a activarnos.
Aprender a parar también requiere aprendizaje.
Porque no basta con que desaparezca el problema para que nuestro organismo deje de estar en alerta.
Cuando llevamos mucho tiempo funcionando desde la tensión, podemos perder la capacidad de reconocer el descanso como un estado seguro.
Incluso cuando tenemos tiempo para parar, la mente sigue anticipando, el cuerpo sigue tenso y cualquier pequeño estímulo puede volver a activarnos.
Aprender a parar también requiere aprendizaje.
En las intervenciones asistidas con caballos encontramos una oportunidad para trabajar algo que a veces olvidamos: volver a conectar con nuestro cuerpo.
El caballo no necesita que le expliquemos lo que nos sucede.
Su comunicación es fundamentalmente corporal y no verbal. Su comportamiento nos ofrece información sobre nuestra forma de acercarnos, nuestra tensión, nuestros movimientos y nuestra manera de relacionarnos.
A través de experiencias guiadas podemos trabajar:
La conciencia corporal.
La atención al momento presente.
La respiración y la relajación.
El reconocimiento de las emociones.
Los límites y la seguridad.
La confianza y la autorregulación.
En EntreSusurros utilizamos el vínculo con los caballos como parte de un acompañamiento terapéutico que integra conciencia corporal, mindfulness y educación emocional.
No buscamos que el caballo elimine el estrés.
Buscamos crear experiencias en las que la persona pueda detenerse, observar qué le ocurre, reconocer sus señales internas y practicar nuevas formas de responder.
Poco a poco, aprender que no siempre es necesario estar en alerta.
Tu cuerpo ha pasado mucho tiempo intentando protegerte.
Quizá ahora necesita que le enseñes que también puede descansar.
Que no todo es urgente.
Que no todo es una amenaza.
Que no tienes que poder con todo.A veces, el primer paso para recuperar la calma es volver a escucharte.
No siempre podemos evitar las tormentas, pero podemos aprender a no vivir permanentemente en alerta.



